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Agosto
As usual, english version below.
Holi! ¿Cómo estás?
Ahora que estamos a mediados de septiembre, es hora de contarte de mi mes de agosto. Robando términos de Jorge R. R. Martin, este año tuvimos un “verano falso”. En lugar de tener un verano caluroso con ocasionales lluvias para refrescarnos, tuvimos periodos largos de lluvias, con ocasionales días soleados que apenas subían la temperatura a los 20 °C. Por más que me quejo del calor, siento cierta melancolía por perder algo que ni siquiera quería tener. Las calles de la ciudad no estaban llenas de gente feliz por estar afuera disfrutando el buen clima. No había esa emoción porque fuera fin de semana y salir a hacer algo. Desafortunadamente, creo que esta es de las consecuencias menos peligrosas que nos esperan por el cambio climático.
Pero bueno, dejemos mi rant atrás para hablar de los pocos días de sol que hubo en mi lluvioso verano: me refiero a los días que estuvieron aquí mis papás. Y no solo me refiero a soleados por la felicidad que sentía de tenerlos conmigo; literalmente dejó de llover cuando llegaron y empezó a llover de nuevo cuando se fueron. Trajeron desde Hermosillo un poco del calor a Europa. Vinieron para acompañar a mi hermanita Luisa, que estudiará un semestre en París, y al ser la bebé de la casa, no podían dejarla viajar sola.
Después de dejar sus maletas, nos encontramos en Estrasburgo. Estrasburgo es una ciudad pequeña en la frontera de Alemania y Francia. La verdad es que me pareció Ulm, pero en versión pequeña. Hay una foto que le tomé a mi mamá y a Luisi y, si no supiera dónde es, yo diría que están en Ulm. Las iglesias son muy parecidas, ya que comparten el mismo arquitecto, y los pequeños canales alrededor de Estrasburgo me recuerdan al viejo cuartel de pescadores en Ulm. Lo único malo de nuestra estancia es que el calor que trajeron mis padres llegó fuerte ahí y nuestro hotel no tenía aire acondicionado. La noche estuvo un poco de la chingada, así que te recomiendo ir a visitar en invierno, considerando que el mercado navideño de Estrasburgo es de los más famosos.
El resto de los días con mis papás los pasamos en Ulm. El universo conspiró para que todo lo que comimos estuviera especialmente bueno esos días. Aunque fuimos a restaurantes que visitamos regularmente, todo sabía extra bueno. Al menos en uno de ellos, Francesco, el pizzaiolo de Portico, sabía que mis padres estaban de visita desde México, así que tal vez le echó ganas extra a la pizza.
Aparte de eso, nos fuimos unos días a Berlín a un festival. Hicimos una corta parada de una noche en Leipzig que, desafortunadamente, no nos dio para conocer mucho de la ciudad, pero lo poco que vimos me pareció muy bonito y me gustaría regresar algún día. De recuerdo nos quedó una foto que nos tomamos en una cabina, que te mando aquí abajo. Después seguimos a Berlín para pasar el resto del fin de semana.
La pasamos muy bien, con el buen Ardi haciéndola de anfitrión y acompañándonos todo el tiempo. El festival era de Keinemusik, un trío de DJs que ya antes habíamos ido a ver a Berlín y que en su momento te llegué a contar. Esta vez tocaron en un antiguo aeropuerto abandonado que ahora se usa para este tipo de eventos. Tengo una opinión mixta sobre la experiencia. Por un lado, aunque no es para nada mi estilo de música, me gustó lo que tocaron y la pasé excelente, sobre todo por la compañía (íbamos Ardi, Yllka, Kasi, Besa y yo). Por el otro, no me sentí cómodo en ese tipo de ambiente. El lugar estaba demasiado lleno y no conecté en absoluto con el tipo de gente que estaba ahí. Me pareció que la mitad solo estaba para presumir en sus historias que habían estado ahí.
El highlight del evento fue que, lejos del escenario, había un stand con audífonos donde podías escuchar la música en alta calidad y con muchísima menos gente. No solo era mucho más fácil apreciar los detalles de la música así, sino que también sentí que la poca gente que estaba ahí, tan lejos del escenario y del gentío, realmente quería disfrutar la música sin aparentar otra cosa.
El resto de agosto lo pasamos descansando, bajo un cielo gris. Te escribo desde el aeropuerto y no tengo palabras para describir la emoción que tengo por este viaje. Ya te contaré al respecto pronto.
Te quiero,
Raúl Arturo Herrera










Hey! How are you?
Now that we’re into mid-September, it’s time to tell you about my month of August. Borrowing a term from George R. R. Martin, this year we had a “false summer.” Instead of a hot summer with the occasional rain to cool things down, we got long stretches of rain with only a few sunny days that barely pushed the temperature up to 20 °C. As much as I complain about the heat, I feel a certain melancholy for losing something I didn’t even want in the first place. The city streets weren’t full of happy people enjoying the good weather. There wasn’t that weekend excitement to go out and do something. Unfortunately, I think this is one of the least dangerous consequences awaiting us because of climate change.
But anyway, let me leave my rant behind to tell you about the few sunny days in my rainy summer: the days my parents were here. And I don’t just mean sunny because of the happiness I felt having them with me — it literally stopped raining when they arrived and started raining again the day they left. They brought a bit of Hermosillo heat with them to Europe. My parents came along to accompany my little sister Luisa, who will be studying a semester in Paris, and since she’s the baby of the family, they couldn’t let her travel alone.
After dropping off their bags, we met up in Strasbourg. Strasbourg is a small city on the border of Germany and France. Honestly, it felt like Ulm but smaller. There’s a picture I took of my mom and Luisi where, if I didn’t know better, I’d swear it was in Ulm. The churches look very similar since they share the same architect, and the small canals around Strasbourg reminded me of the old fishermen’s quarter in Ulm. The only bad part of our stay was that the heat my parents brought hit hard there, and our hotel had no air conditioning. That night was a bit of a mess, so I’d recommend visiting Strasbourg in the winter, especially since its Christmas market is one of the most famous.
We spent the rest of the days with my parents in Ulm. The universe conspired to make everything we ate especially good during their visit. Even though we went to our usual restaurants, everything tasted better than usual. At least in one of them, Francesco, the pizzaiolo at Portico, knew my parents were visiting from Mexico, so maybe he put in some extra love into the pizza.
Besides that, we spent a few days in Berlin for a festival. We made a short overnight stop in Leipzig which, unfortunately, wasn’t enough to really get to know the city, but what we did see was very beautiful, and I’d love to go back someday. As a souvenir, we kept a photo we took together in a photo booth — I’m sending it below. After that, we continued on to Berlin for the rest of the weekend.
We had a great time, with Ardi playing host and joining us the whole way. The festival was from Keinemusik, a trio of DJs we had already gone to see in Berlin once before — I think I told you about it back then. This time they played at an old abandoned airport that’s now used for events like this. I have mixed feelings about the experience. On the one hand, even though this is not my kind of music at all, I liked what they played and had a great time, mostly because of the company (it was Ardi, Yllka, Kasi, Besa, and me). On the other hand, I didn’t feel comfortable in that kind of environment. The place was way too crowded, and I couldn’t connect at all with the type of people there. It felt like half of them were only there so they could brag on their stories that they had been there.
The highlight of the event was a stand set up far from the stage where you could put on headphones and listen to the music in high quality, with way fewer people around. Not only was it much easier to appreciate the details of the music that way, but I also felt that the few people who were there — far from the stage and the crowd — were there to actually enjoy the music without trying to look like something else.
The rest of August we spent resting under a gray sky. I’m writing this from the airport, and I don’t even have words to describe the excitement I feel about this trip. I’ll tell you all about it soon.
Love,
Raúl Arturo Herrera
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