As usual, english version below.
Holi, ¿cómo estás?
Te escribo por primera vez desde Bengaluru, en la India. A estas alturas creo que todos los que están leyendo esto ya lo saben, pero por si acaso: nos mudamos para acá por un año, por el trabajo de Besa.
Llegamos el viernes en la madrugada, así que solo llevamos unos pocos días aquí. Por el momento estamos viviendo en un hotel, pero afortunadamente ya encontramos un departamento que nos gustó y se supone que estará listo para que nos mudemos la próxima semana. El depa está un poco aislado de la ciudad, a pesar de estar en una zona central, lo que ayuda a que esté un poco más calmado, lejos del ruidajo del tráfico.
Si tuviera que describir la India hasta ahora en una palabra sería: caos. Ese caos está mayormente ejemplificado en su tráfico. La ciudad es un flujo constante de movimiento: carros, motos y, por supuesto, tuktuks. El ruido del tráfico es constante, pues usan el claxon en todo momento. Poco a poco estoy descifrando el uso del claxon: a veces lo usan en lugar de las direccionales para avisar que cambiarán de carril; a veces es para avisarle a peatones u otros vehículos que están cerca; y a veces creo que lo usan solo porque otros lo están usando, como si se estuvieran contestando.
El resultado es que, en todo momento y a todas horas, el sonido del tráfico está lleno de pitidos. Algunos tienen sonidos personalizados, como cortas melodías. También he escuchado un par que pareciera que funcionan como metralletas, disparando una rápida sucesión de pitidos en un corto momento. El tráfico es una constante que existe sin importar el día o la hora. La ciudad es enorme y, por el momento, no nos hemos alejado mucho de la sección donde estamos (que incluye nuestro hotel, el depa donde nos mudaremos y el trabajo de Besa), pero me imagino que querer cruzar hacia el otro lado de la ciudad debe de ser toda una odisea.
Por otro lado, la cantidad de gente en las calles también es una constante. No importa la hora del día o de la noche, siempre hay gente afuera. Los negocios parecen cerrar muy tarde y creo que la vida suele ser mucho más nocturna. La cantidad de gente es algo que me parece difícil de comprender. Bangalore tiene 14 millones de habitantes, pero a diferencia de otras metrópolis que he visitado, me pareciera que un gran porcentaje de la población se encuentra en las calles.
Por último, quiero hablarte de la comida. Mis expectativas eran que sería deliciosa y probablemente picante. En lo delicioso estaba en lo correcto: hasta ahora hemos comido muy rico, no solo cocina local, sino también cocina internacional. En cuanto a lo picante, mis expectativas fueron superadas por muchísimo. Todo está muy enchiloso. Yo considero que tengo una buena tolerancia al picante, pero de verdad hemos comido hasta ensaladas que estaban súper enchilosas.
Bangalore es un poco famoso por su escena nocturna. Por el momento hemos ido a algunos lugares de noche que parecen sacados de películas. Al parecer hay decenas de cervecerías aquí, todas produciendo sus propias cervezas artesanales, aunque aún no hemos probado alguna.
No tengo fotos que compartirte aún, más que de comida. El único lugar que hemos ido a ver es el Palacio de Bengaluru, que la verdad no valía la pena ver y que, aunque quisiéramos, no estaba permitido tomar fotos dentro.
Te seguiré contando sobre nuestra vida acá. También tengo que continuar los relatos del viaje a Japón; seguiré con eso en estos días.
Te quiero,
Raul




Hi! How are you?
I’m writing to you for the first time from Bengaluru, India. At this point I think everyone reading this already knows, but just in case: we moved here for a year because of Besa’s job.
We arrived early Friday morning, so we’ve only been here for a few days. For now, we’re living in a hotel, but luckily we already found an apartment that we really liked and it’s supposed to be ready for us to move in next week. The apartment is a bit removed from the city, despite being in a central area, which helps make it a little calmer, away from the constant traffic noise.
If I had to describe India so far in one word, it would be: chaos. That chaos is mostly embodied in its traffic. The city is a constant flow of movement—cars, motorcycles, and of course, tuk-tuks. The traffic noise is nonstop because people use their horns all the time. Little by little, I’m starting to decode the use of the horn: sometimes they use it instead of turn signals to indicate they’re changing lanes; sometimes it’s to warn pedestrians or other vehicles that they’re nearby; and sometimes I think they just use it because others are using it, as if they’re responding to each other.
The result is that, at all times and at all hours, the sound of traffic is filled with honking. Some horns have customized sounds, like short melodies. I’ve also heard a few that seem to work like machine guns, firing off a rapid succession of beeps in a very short time. Traffic is a constant, regardless of the day or the hour. The city is enormous, and for now we haven’t ventured far from the area we’re in—which includes our hotel, the apartment we’ll be moving into, and Besa’s workplace—but I imagine that trying to cross to the other side of the city must be quite an ordeal.
On the other hand, the number of people out on the streets is also constant. No matter the time of day or night, there are always people outside. Shops seem to close very late, and I think life here tends to be much more nocturnal. The sheer number of people is something I find hard to wrap my head around. Bangalore has 14 million inhabitants, but unlike other metropolises I’ve visited, it feels like a large percentage of the population is out on the streets.
Lastly, I want to tell you about the food. My expectations were that it would be delicious and probably spicy. As far as delicious goes, I was absolutely right—we’ve eaten incredibly well so far, not only local cuisine but also international food. When it comes to spice, my expectations were exceeded by a lot. Everything is very spicy. I consider myself to have a pretty good tolerance for spicy food, but we’ve honestly eaten even salads that were extremely spicy.
Bangalore is somewhat famous for its nightlife. So far, we’ve gone to a few places at night that feel like they’re straight out of a movie. Apparently, there are dozens of breweries here, all producing their own craft beers, although we haven’t tried any yet.
I don’t have many photos to share yet, other than food pictures. The only place we’ve visited so far is the Bengaluru Palace, which honestly wasn’t worth seeing and, even if we wanted to, taking photos inside wasn’t allowed.
I’ll keep telling you about our life here. I also still need to continue the stories from our trip to Japan; I’ll get back to that in the coming days.
Love you,
Raul