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Viaje a México - Sonora
As usual, english version below.
Holi! ¿Cómo estás?
Está haciendo un calor de la chingada acá y no sabes cuánto extraño el frío. Nunca he sido muy fan del verano: odio que haga calor, me molesta que los días duren tanto y que amanezca tan temprano, y me choca estar todo sudado, todo el día. Por favor, la próxima vez que me queje del frío, recuérdenme que el calor es muchísimo peor.
Regresemos al recuento de las vacaciones en México. Continuemos con la segunda parte: mi querido Sonora.
Mientras estábamos en Hermosillo se nos unieron dos viajeros más, Ardi y Sara. Ellos pasaron los primeros días de sus vacaciones visitando a la familia de Sara que vive en EE.UU., y nos alcanzaron en Hermosillo.
El hermoso desierto de Sonora, la verdad, no tiene mucho que ofrecer para un turista. Mis compañeros de viaje fueron avisados de esto ya antes de viajar, así que todos iban en el mood de pasar los días en Hermosillo un poco más lento, más relajado. Rentaron una casa en Corceles, a menos de 5 minutos caminando de mi casa para no estar lejos, y la casa tenía alberca, que pudieron aprovechar los días que estuve ocupado.
Para turistear, paseamos por la ciudad. Fuimos al Cerro de la Campana, a Villa de Seris y a Catedral. Fuimos también a la mayor atracción de Hermosillo, el Parque La Ruina, y a deleitar cerveza artesanal en Buquibichi y Fauna. Y por supuesto no faltó la comida, porque no tendremos mucho que hacer, pero vaya que sabemos cocinar. La comida favorita de todo el viaje de Mo fueron los chilaquiles verdes que nos preparó mi mamá. Y debo mencionar que, aunque el Puppy (Lorenzo) comió tacos en El León de Califa (los que tienen estrella Michelin), dijo que sus favoritos al final fueron los de cabeza del Chino.
Tengo que admitir que, aunque estar en Sonora era la parte del viaje que más me emocionaba, también es cuando estuve más estresado. Obviamente estaba feliz de estar en casa, de pasar tiempo con mi familia y mis amigos y de compartir mi hogar con los amigos que llevaba conmigo. Pero intentar encontrar un balance entre ser anfitrión, estar con mi familia y salir con amigos fue muy difícil, y la verdad la mayoría de los días terminé sintiendo que pasé el día corriendo. El día que más ejemplifica esto fue el jueves.
El día empezó llevando temprano a Besa a cortarse el pelo, y de ahí no paré. Tuve que dar mil vueltas por la ciudad, entre ellas llevar a Ella al veterinario y comprarle comida. Entre el ajetreo, Alisa tuvo la idea de que llevara a Ella a bañar a uno de esos lugares donde te prestan el espacio y tú los bañas por tu cuenta. La verdad fue algo muy emotivo para mí. Sabía que sería la última vez que le daría un baño a Ella, y en retrospectiva creo que Ella también sabía que esos días serían los últimos que pasaríamos juntos. Así pasé el día, dando vueltas de un lado a otro, hasta que por la noche el buen Israel se súper lució preparándonos carne asada en la casa para todos, incluyendo familia y amigos. Nos preparó una picaña increíble, una cena que estoy seguro nunca olvidaré.
El fin de semana nos fuimos a San Carlos. Besa y yo teníamos el sábado la boda de Arely y Mike. Obvio no podía llevar a mi grupo de 7 personas a la boda; afortunadamente Alisa salvó el fin de semana y se fue con nosotros, para hacer de anfitriona mientras Besa y yo estábamos ocupados en la boda. No solo me salvó de toda la preocupación que tenía de dejar solos a cinco extranjeros, se aseguró de que la pasaran excelente. Hasta organizó un yate para que fueran a pasear a la marina mientras yo estaba ocupado con las fotos.
Mientras tanto, Besa y yo la pasamos genial en la boda. La ceremonia fue un evento muy bonito organizado por las familias de los novios, y la fiesta estuvo bien chingona. No paramos de bailar en toda la noche y, cada que queríamos hacer pausa para descansar, ponían otra buena canción que nos forzaba a levantarnos de nuevo. Fue una boda hermosa y estoy feliz de que Besa y yo pudimos formar parte de ese día tan especial.
Y justo la mañana siguiente nos tuvimos que regresar a Hermosillo para tomar un vuelo a Oaxaca, terminando nuestra semana en Sonora. Fue una semana muy apurada para mí. Un poco triste al despedirme de Ella, sabiendo que no la volvería a ver, pero me fui muy feliz. Feliz de estar con mi familia y con mis amigos, que a pesar de ya llevar tantos años fuera de casa me siguen recibiendo como si nunca me hubiera ido. Feliz de poder mostrarle a mis amigos mi hogar y que conozcan de dónde vengo. Y feliz de toda la buena comida que comimos en Sonora.
Te quiero,
Raúl
P.D. Se nota el cambio de que el Gabo me corto el pelo. El corte le quedo bien chingon. La barba me la dejo como villano de telenovela.














Hii! How are you?
It’s hot as hell over here, and you have no idea how much I miss the cold. I’ve never been a fan of summer — I hate the heat, it annoys me that the days are so long and that the sun rises so early, and I can’t stand being sweaty all day long. Please, the next time I complain about the cold, remind me that heat is way worse.
Back to the recap of the Mexico trip. Let’s move on to the second part: my beloved Sonora. While we were in Hermosillo, two more travelers joined us: Ardi and Sara. They spent the first part of their holidays visiting Sara’s family in the U.S. and then met up with us in Hermosillo.
The beautiful Sonoran desert honestly doesn’t have much to offer tourists. My travel buddies had been warned about that before the trip, so everyone arrived in the mood to take things slow and relaxed in Hermosillo. They rented a house in Corceles, less than a 5-minute walk from my place, and the house had a pool, which came in handy on the days I was busy.
To do a bit of sightseeing, we strolled around the city. We visited Cerro de la Campana, Villa de Seris, and the cathedral. We also went to Hermosillo’s biggest attraction, Parque La Ruina, and enjoyed some craft beers at Buquibichi and Fauna. And of course, there was no shortage of food — we may not have many tourist spots, but we really know how to cook. Mo’s favorite meal of the whole trip were some green chilaquiles my mom made for us. And I have to mention that even though Puppy (Lorenzo) ate tacos at El León de Califa (the ones with a Michelin star), he still said his absolute favorites were the beef head tacos from El Chino.
I have to admit that although being in Sonora was the part of the trip I was most excited for, it was also when I was the most stressed. I was obviously happy to be home, to spend time with family and friends, and to share my hometown with the friends I’d brought along. But trying to balance being a host, seeing my family, and going out with friends was really hard — and honestly, most days I ended up feeling like I’d just been running around. The best example of this was Thursday.
The day started early, taking Besa to get her hair cut, and from there I didn’t stop. I had to run a bunch of errands, including taking Ella to the vet and buying her food. Somewhere in the chaos, Alisa suggested I take Ella to one of those self-service pet wash places. It ended up being a really emotional moment for me. I knew it would be the last time I gave Ella a bath, and looking back, I think she knew too that those were the last days we’d spend together. So that’s how the day went — rushing from one thing to the next — until evening came, and our friend Israel absolutely came through with a carne asada for everyone, including friends and family. He made an amazing picanha steak — a dinner I’m sure I’ll never forget.
That weekend we went to San Carlos. Besa and I had Arely and Mike’s wedding on Saturday. Obviously, I couldn’t take a group of 7 people to a wedding, but luckily Alisa saved the weekend by coming along with us and acting as host while Besa and I were busy at the wedding. Not only did she save me from the stress of leaving five foreigners on their own — she made sure they had an amazing time, even organizing a yacht ride around the marina while I was off taking pictures.
Meanwhile, Besa and I had a blast at the wedding. The ceremony was a lovely event organized by the couple’s families, and the party was seriously amazing. We didn’t stop dancing all night, and every time we tried to take a break, another great song would come on and force us back onto the dance floor. It was a beautiful wedding, and I’m so happy Besa and I got to be part of such a special day.
The very next morning, we had to head back to Hermosillo to catch a flight to Oaxaca — bringing our Sonora chapter to a close.
It was a hectic week for me. A bit sad saying goodbye to Ella, knowing I wouldn’t see her again. But I left happy. Happy to have been with my family and friends — who, even after all these years away from home, still welcome me like I never left. Happy to be able to show my friends where I’m from. And happy for all the amazing food we ate in Sonora.
Love you,
Raúl
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